Enseñar en la distancia. Repensar la educación.

Con el curso a punto de terminar, siento cierto desasosiego al ver que va a llegar el momento de tener que despedirnos del alumnado vía internet.

Educación online

Desde que en marzo el azote del COVID-19 llegó a las aulas en primera y abrupta instancia, los docentes nos vimos abocados a continuar nuestra actividad lectiva con la misma voluntad férrea de atender a nuestro alumnado que impedimentos nos encontramos en el camino.

Falta de recursos tanto propios como de nuestros pupilos, materiales y metodológicos, ni planificación ni ruta… cada uno hizo lo que pudo para que el espectáculo continuara, para mandar las actividades a casa, transmitir, enseñar y evaluar.

Nadie pensaba que en mayo, la batalla continuaría al otro lado del ordenador. Que no volveríamos a las aulas. Yo al menos no. Llamadme optimista.

En las próximas semanas nos iremos despidiendo de nuestros chavales de forma virtual dejando un vacío inmenso en los que estamos acostumbrados a mirarnos a los ojos, a observar a nuestros niños, a descifrar en una simple mueca un «esto no lo entiendo».

Acabamos el curso habiendo dado lo mejor de nosotros con un ojo puesto en terminar con unos resultados aceptables y el otro puesto en la incertidumbre con la que se presenta el 20/21.

Es muy complicado vislumbrar cómo será la vuelta a las aulas en septiembre. ¿Desdoblando grupos? ¿Haciendo turnos? ¿Combinando educación presencial con la que se imparte vía telemática?

Para cualquiera de estas opciones ¿con cuantos docentes vamos a contar? ¿Cómo pueden desdoblarse grupos en colegios que ya de por sí están sobreocupados? ¿Cómo combinar formación presencial y online con la misma jornada de trabajo? ¿Cómo va a afectar todo al papel que en materia de conciliación tiene la escuela?

Demasiadas incógnitas para resolver en un tiempo además de corto, cambiante y en el que «aún no se sabe» será la frase más escuchada.

Todos intentaremos volver a dar lo mejor de nosotros mismos cuando llegue el momento pero, quizás, no sea suficiente esperar. A pesar de que nada de lo que pensemos ahora garantice que en septiembre podamos implementar lo que planifiquemos quizás sea el momento de ponernos en modo «multiescenario» y empezar a planificar.

Nadie mejor que nosotros conocemos la realidad de nuestro alumnado y, a las pruebas me remito, si lo que podemos esperar son directrices difusas que al final tendrá que aplicar cada centro en manos del buenhacer de los equipos directivos.

Y aquí, lo que me viene una y otra vez a la cabeza es que… quizás no es el momento de pensar, sino de repensar. Quizás la experiencia de estos meses nos sirva para darnos cuenta de que, hacer todo lo que se pueda no es suficiente si queremos salvar la educación de miles de escolares que, ojalá me equivoque pero, que puede que no sea la única crisis sanitaria que sufran en sus vidas.

Las clases online, vídeos, tareas por mail, llamadas de teléfono… estoy segura de que, a pesar de que en el mejor de los casos podamos conbinarlas con alguna sesión presencial, no hay ningún docente convencido de que con el modelo, currículum, metodología y medios actuales, haya sido o vaya a ser suficiente.

Empiezo a pensar que quizás, debamos dar una vuelta de tuerca más y no conformarnos con tapar los agujeros que deja la «no presencia» con parches aquí y allá en los que las TICS ayudan pero, planteadas de esta forma, los objetivos cumplidos quedan muy difusos.

Tal vez sea momento de REPENSAR cómo hacer posible que nuestros niños y niñas aprendan de otro modo, de alguna forma que quizás no veamos o no tengamos en mente porque estamos demasiado limitados por años y años de «las cosas se hacen así», pero que si existe, debemos encontrar y si no… TENDREMOS QUE INVENTAR.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.