Escape room, breakouts… o divertirse aprendiendo.

Las «habitaciones de escape» o juegos de «fuga» están a la orden del día.

Las primeras salas de escape llegaron hace unos años a las ciudades más grandes y, hoy por hoy, es extraño el rincón donde no nos encontramos una.

Recuerdo la primera vez que oí hablar de ellas. Me ofrecieron sus servicios para hacer dinámicas de empresa encaminadas a mejorar las estrategias de equipo. Me pareció una idea genial y, todo hay que decirlo, un poco como «de otro planeta».

Bastó la visita a una de ellas para ver, «defecto profesional» lo llaman, el gran potencial que tenían este tipo de opciones si se aplicaban en entornos educativos.

No fui la única. Desde hace tiempo son muchos los/as profesores/as que, con una imaginación increíble, han puesto en marcha actividades y proyectos de escape en el aula. Os recomiendo encarecidamente que busquéis las etiquetas #breakoutedu #escaperoomeducativo porque encontraréis decenas de compañeros que comparten ideas geniales, recursos que os facilitarán el trabajo e incluso cursos para aprender a hacerlos si os parece complicado.

Básicamente, consisten en superar una serie de retos y enigmas para conseguir un objetivo final como salir de una sala en la que estamos atrapados, que puede ser la misma clase, la biblioteca o el colegio, o abrir una caja donde se encuentra un pequeño tesoro o recompensa.

Para el aula, lo ideal es que creéis los retos vosotros mismos porque así podéis dirigir los desafíos hacia los contenidos curriculares que queráis trabajar, bien hacia un tema en concreto, una asignatura o mejor aún, para trabajar los contenidos de varias de ellas de forma transversal.

Para hacerlos, creo que lo mejor es que cada uno utilice la herramienta que mejor domine. Con fichas y fotocopias, con plataformas digitales, mezclando unas y otras, añadiendo elementos externos que podemos adaptar con un poco de imaginación (relojes, candados, cajas, cuerdas, envases…) o incluso podemos utilizar la clase de plástica para crear nuestros propios artilugios, pósteres con pistas, códigos escondidos… como os digo, un simple vistazo por las redes os dará infinidad de ideas.

Os dejo una foto, en este caso es de un juego de Escape de los que utilizamos en una de nuestras actividades extraescolares para que veáis como con solo 3 cartas, tuvieron que activar sus conocimientos sobre el cuerpo humano, los números romanos, y su vocabulario de inglés.

Pero esto de poder trabajar contenidos curriculares, a pesar de lo interesante que resulta, no es lo más importante. Lo que más me gusta de trabajar de este modo son todas las competencias que se ponen en marcha.

Para resolver satisfactoriamente cualquier dinámica de estas, lo sabréis cualquiera que hayáis estado en una sala de escape, es imprescindible trabajar en equipo. Hacer un reparto del trabajo, que haya una persona que coordine al grupo, una que compile la información que se va obteniendo, otra que supervise que las pistas utilizadas se han descartado correctamente, escuchar la opinión de todos, aceptar todas las opciones, acordar cómo se usa la información que se va obteniendo… etc.

Podría seguir enumerando aquí mil y una bondades. Casi casi descubro una nueva cada día que hago una dinámica de estas pero, seguro que a vosotros se os ocurren mil y una más.

Os animo a que dejéis en los comentarios vuestras experiencias y enlaces a perfiles y recursos que conozcáis. Seguro que entre todos hacemos una buena mochila.

Empiezo por ofrecerme a mí misma por si alguien necesita ayuda con esto. Estaré encantada de echaros un cable si os apetece poneros en marcha.

Matemáticas y vida.

Cada vez que preparo un curso, y si no cada vez, sí a menudo, releo el Boletín Oficial de cada comunidad a la que voy e intento adaptar los contenidos a cómo están descritos los contenidos curriculares en cada una de ellas.


En breve, daré una formación de matemáticas manipulativas en un colegio de País Vasco y, aunque esta vez no me ha hecho falta releerlo mucho, me he tomado la molestia de pasar a un procesador de textos las 10 páginas que ocupa lo relativo al desarrollo de la «Competencia Matemática» del PLANTEAMIENTO GENERAL DEL CURRÍCULO PARA LA EDUCACIÓN BÁSICA (Heziberri 2020) para que el contador de palabras me diera de manera fiable las veces que aparece la palabra «vida» (vida real, vida diaria, vida cotidiana, vida personal). Creo que daría los mismos resultados el texto de cualquier otra comunidad.


La búsqueda por palabras ofrece un total de 10 resultados, es decir, haciendo una media sencilla, solo la palabra «vida» aparecería en el 100% de las páginas del documento.

Además, solo en la primera página, he encontrado estos términos:
«mundo que nos rodea», «situaciones del entorno», «la realidad».


Hago notar estos conceptos porque, cada vez que acudo a los textos legales, son numerosísimas las veces que párrafo tras párrafo, las leyes educativas inciden en la idea de que los aprendizajes deben ser desde, sobre y para el «mundo real», o lo que es lo mismo, la vida (otra cosa es que luego articulen todo el sistema en general para que pueda realmente hacer así pero, digamos que de momento lo vamos a dejar como harina de otro costal).


Si, por otro lodo, escucháis a cualquier experto/a en didáctica de las matemáticas, coinciden en el mismo planteamiento y son incansables a la hora de insistir en la necesidad de CONECTAR los conocimientos que se adquieren con los aprendizajes propios del alumnado y en que son mejor asimilables cuanto más adaptados están a su contexto.


Sin embargo, si acudimos a cualquier libro de primaria y leemos los problemas de matemáticas, os diré que en mis 15 años como profesora con niños de todas las edades y libros de todas las editoriales, los enunciados apenas han cambiado.


Contienen unos planteamientos tan alejados de la cotidaneidad de los niños y niñas, que es imposible que se sientan los suficientemente cerca de las matemáticas como para que les interesen más allá de hacer la ficha correctamente o sacar buena nota en el examen.


Vamos a ver unos ejemplos.

Para no arremeter contra nadie en concreto, he buscado «problemas de matemáticas para primaria» en Google, y he cogido algunos de una colección al azar de la que me perdonaréis no citar la fuente porque no quiero molestar a nadie. Podría haber cogido los de cualquier libro de matemáticas que, como ya sabéis, no distan mucho. No tengo la menor duda de que, quienes comparten este tipo de materiales, tienen la mejor de las intenciones. El problema es que estamos tan habituados a estos enunciados que no vemos hasta donde llega lo absurdo de sus planteamientos.

¿En serio? ¿Cuatro yougures para merendar? ¡Pues menudo atracón se ha dado Lucía!

Aunque para atracón el de Rafa. Aunque aquí, su papá o su mamá ya sabían que era un glotón para meterle 5 bocadillos en la mochila (de lo de comer en el autobús, también podríamos comentar).

¡A ver qué os parece este otro!

¿Os imagináis mandar a un niño a comprar 23 tijeras para su clase? y… ¡Mucho menos a Javier con lo desastre que parece que es!

¡Venga! vamos a por otros de otra colección, no vaya a ser que penséis que he tenido que buscar mucho.

Otro tipo de problemas muy típicos… sacos de patatas, árboles con manzanas, granjas con ovejas y vacas…. ¿Qué porcentaje de escolares tienen contacto directo con estas realidades?

Y puestos a hablar de vacas, os voy a hacer una propuesta, que sí que me parece interesante y de la que seguro vuestros alumnos aprenderán un montón si la planteáis en el aula. ¿La vaca de este problema es tan glotona como Lucía y Rafa? ¿Cuántos kilos de hierba come una vaca? ¡Buscadlo en Google si no lo sabéis y vais a pasar un rato entretenido entre mates!

No quiero extenderme mucho con los ejemplos porque realmente darían para un post diario con decenas de descalabros.

Lo que quiero expresar es que, no hace falta volverse muy locos para darle un enfoque manipulativo a las matemáticas. Por supuesto que hay materiales excelentes que nos ayudan en la a veces difícil tarea de enseñar ciertos aspectos de las matemáticas pero que, lo que deberíamos hacer es aprovechar el día a día para trabajar los contenidos. Aprovechar cualquier oportunidad que tengamos para hacer cálculos es mejor práctica que hacer cientos de estos problemas.

Para terminar, me vais a permitir, sobre todo para los que sois docentes, acabar con uno que os va a gustar:

¿Qué opináis? 😉

Charla/taller online gratuito: ¿A qué jugamos?

CHARLA/TALLER online gratuito: ¿A qué jugamos?

Martes, 8 de diciembre de 11:00 a 12:30

Ya no queda nada para la charla que estoy preparando para este martes esperando que os resulte útil a todos los que nos escribís a Ikastools interesados en juegos educativos para estas navidades.


Hablaremos de los beneficios de los juegos de mesa a nivel cognitvo, de sus ventajas frente a la exposición excesiva a las «pantallas» que sufren, más aún desde el confinamiento, nuestros niños y niñas. Os daremos pautas para elegir con criterios coeducativos, introducir los juegos de mesa en casa, hacerlos atractivos y convertirlos en verdaderas herramientas de aprendizaje y disfrute.


¡Y… lo que nos pedís siempre! Veremos ejemplos de juegos que nos parecen interesantes para trabajar distintas áreas: atención, memoria, lenguaje, matemáticas, funciones ejecutivas… ¡Los juegos de siempre con un enfoque muy interesante! 🙂


Os dejo el link al blog donde tenéis el link para apuntaros.
¡Espero veros a todos!

Charla/taller online gratuito: ¿A qué jugamos?

5 cosas con las SÍ me quedo de la enseñanza a distancia

Como muchos otros maestros, este último trimestre me he visto avocada a navegar en un mar por el que nunca antes habíamos surcardo aguas: la enseñanza a distancia.

Lo malo no ha sido «hacerlo», sino «improvisarlo». Lanzarnos al mundo de las vidoconferencias, grabación de vídeos, plataformas/herramientas educativas pensadas para compartir recursos en la distancia… ¡todo un reto!

Además, no nos servía solo con «intentarlo», había que «lograrlo». En nuestra academia, tenemos alumnado con dificultades de aprendizaje que nos necesitan para superar el curso. Hemos tenido que echar el resto para estar a su lado también ahora. Cuanto más difícil se ponía todo, más hemos tenido que remar para conseguir llegar a buen puerto.

Estamos ya a punto de acabar el curso y, aunque ha sido un camino duro, quiero ser optimista y pensar, no en todo lo que hemos «perdido» sino, en abrir la escotilla y ver qué sorpresas nos ha dejado esta tormenta en cubierta.

¿Cuales han sido mis descubrimientos?

1. Somos un gran colectivo.

A lo largo de estos meses, me he visto muy arropada por cientos de docentes que, de manera desinteradada, ha compartido en las redes sus formas de hacer. Hemos podido aprenrder sobre la marcha de otros compañeros que llevaban ya camino recorrido y que no han dudado en ayudar y atender y a los que recién llegábamos a esto de la enseñanza online. Para todos ellos ¡Muchísimas gracias!

La pandemia ha hecho brotar un gran movimiento de solidaridad docentes que ha llegado para quedarse. ¡Primer tesoro encontrado!

El otro día hacía escribía en el blog «Docencia y didáctica» un post sobre esto mismo que os dejo por aquí también por si queréis echarle un vistazo:

https://docenciaydidactica.ecobachillerato.com/2020/05/la-eduhora-de-la-efervescencia-docente.html

2. Las reuniones de equipo por videollamada.

Creo que el mundo de la videoconferencia será de ahora en adelante un gran aliado. Para empezar, ha sido genial poder hacer reuniones virtuales con mi equipo cada vez que hemos necesitado. Hacer reuniones presenciales, requiere de una planificación y de un encaje de bolillos que a veces, son un reto en sí mismos (ya que nosotros trabajamos fuera de nuestro centro, en otros colegios, con horarios muy diferentes). Poder hablar con quien ha sido necesario en cada momento, sin necesidad de agendar con días de antelación, compartir recursos, hacer «mini tutoriales» de todo lo que íbamos incorporando… ¡otro gran hallazgo!

3. Las clases grabadas ayudan mucho a algunos críos.

En algunos casos, hemos hecho grabaciones para alumnos que no se podían conectar en directo y, esas pequeñas explicaciones que han podido ver una y otra vez, han sido de gran ayuda. Además, ha habido una explosión de vídeos y tutoriales en la red por lo que, en ocasiones, no ha hecho falta ni grabar nuestros propios vídeos.

El vídeo es un recurso que ya utilizábamos pero de una forma más «complementaria». Para ilustrar contenido, profundizar en un tema, trabajar la comprensión oral… pero no de una forma tan específica para explicar materia.

A partir de ahora, me están entrando ganas de poner una cámara fija en el aula y grabar todas las explicaciones para que se las puedan llevar a casa y las vean todas las veces que necesiten 🙂 Es algo que, desde luego haremos en alguna ocasión aunque estemos con las clases presenciales ¡Una vez que hemos perdido la vergüenza de ponernos delante de una cámara…! 🙂

4. La tecnología está para ahorrarnos tiempo.

Poder compartir archivos y trabajar todos sobre el mismo documento (esto ya lo hacíamos antes), hacer exámenes con formularios autocorregibles, conectarse 10 minutos con alguien en vez de mandar un mail interminable… etc.

Esto ya lo sabíamos pero, desde luego, si algo hemos aprendido a que, la tecnología no está para hacer de forma online lo que antes hacíamos de forma presencial sino, para ahorrarnos tiempo presencial que dedicamos a tareas monótonas o de escaso valor, para dedicar ese tiempo que ahora más que nunca sentimos como «valiosísimo» que pasamos junto a nuestro alumnado para hacer aquello para lo que somos insustituibles:

5. Mirar, observar, interpretar, acompañar… querer.

Esto es lo que se ha llevado la tormenta… pero lo que nos aguarda cuando pisemos de nuevo en tierra firme.

Pero ese ha sido otro gran aprendizaje: nunca he echado tanto de menos a mis chicos ni esa cercanía física en el que con solo una mirada… lo tienes todo.

Enseñar en la distancia. Repensar la educación.

Con el curso a punto de terminar, siento cierto desasosiego al ver que va a llegar el momento de tener que despedirnos del alumnado vía internet.

Educación online

Desde que en marzo el azote del COVID-19 llegó a las aulas en primera y abrupta instancia, los docentes nos vimos abocados a continuar nuestra actividad lectiva con la misma voluntad férrea de atender a nuestro alumnado que impedimentos nos encontramos en el camino.

Falta de recursos tanto propios como de nuestros pupilos, materiales y metodológicos, ni planificación ni ruta… cada uno hizo lo que pudo para que el espectáculo continuara, para mandar las actividades a casa, transmitir, enseñar y evaluar.

Nadie pensaba que en mayo, la batalla continuaría al otro lado del ordenador. Que no volveríamos a las aulas. Yo al menos no. Llamadme optimista.

En las próximas semanas nos iremos despidiendo de nuestros chavales de forma virtual dejando un vacío inmenso en los que estamos acostumbrados a mirarnos a los ojos, a observar a nuestros niños, a descifrar en una simple mueca un «esto no lo entiendo».

Acabamos el curso habiendo dado lo mejor de nosotros con un ojo puesto en terminar con unos resultados aceptables y el otro puesto en la incertidumbre con la que se presenta el 20/21.

Es muy complicado vislumbrar cómo será la vuelta a las aulas en septiembre. ¿Desdoblando grupos? ¿Haciendo turnos? ¿Combinando educación presencial con la que se imparte vía telemática?

Para cualquiera de estas opciones ¿con cuantos docentes vamos a contar? ¿Cómo pueden desdoblarse grupos en colegios que ya de por sí están sobreocupados? ¿Cómo combinar formación presencial y online con la misma jornada de trabajo? ¿Cómo va a afectar todo al papel que en materia de conciliación tiene la escuela?

Demasiadas incógnitas para resolver en un tiempo además de corto, cambiante y en el que «aún no se sabe» será la frase más escuchada.

Todos intentaremos volver a dar lo mejor de nosotros mismos cuando llegue el momento pero, quizás, no sea suficiente esperar. A pesar de que nada de lo que pensemos ahora garantice que en septiembre podamos implementar lo que planifiquemos quizás sea el momento de ponernos en modo «multiescenario» y empezar a planificar.

Nadie mejor que nosotros conocemos la realidad de nuestro alumnado y, a las pruebas me remito, si lo que podemos esperar son directrices difusas que al final tendrá que aplicar cada centro en manos del buenhacer de los equipos directivos.

Y aquí, lo que me viene una y otra vez a la cabeza es que… quizás no es el momento de pensar, sino de repensar. Quizás la experiencia de estos meses nos sirva para darnos cuenta de que, hacer todo lo que se pueda no es suficiente si queremos salvar la educación de miles de escolares que, ojalá me equivoque pero, que puede que no sea la única crisis sanitaria que sufran en sus vidas.

Las clases online, vídeos, tareas por mail, llamadas de teléfono… estoy segura de que, a pesar de que en el mejor de los casos podamos conbinarlas con alguna sesión presencial, no hay ningún docente convencido de que con el modelo, currículum, metodología y medios actuales, haya sido o vaya a ser suficiente.

Empiezo a pensar que quizás, debamos dar una vuelta de tuerca más y no conformarnos con tapar los agujeros que deja la «no presencia» con parches aquí y allá en los que las TICS ayudan pero, planteadas de esta forma, los objetivos cumplidos quedan muy difusos.

Tal vez sea momento de REPENSAR cómo hacer posible que nuestros niños y niñas aprendan de otro modo, de alguna forma que quizás no veamos o no tengamos en mente porque estamos demasiado limitados por años y años de «las cosas se hacen así», pero que si existe, debemos encontrar y si no… TENDREMOS QUE INVENTAR.